Tipo de cambio: el problema no son los $1.000

El valor del dólar en Chile ha sido un tema transversal de discusión y preocupación. Esto no podría haber sido distinto, luego de que el tipo de cambio alcanzara un valor histórico que, tras superar los 1.000 pesos con una volatilidad pocas veces vista. Ello, en un contexto donde el peso ha sido la moneda más golpeada este año en Latinoamérica, sólo superada por el peso argentino. No debiese extrañarnos el debate que ha existido, dada la gran importancia que tiene el valor de la divisa en el bienestar de las personas y, por ende, del país.

Pero más allá de la discusión coyuntural, es fundamental no centrarse en si el valor del dólar debe estar, o no, sobre los mil pesos, sino más bien en las principales razones detrás de este cuadro.

Para partir, debemos reconocer que diversos factores internacionales han afectado al dólar. Entre ellos, el alza de la inflación y de tasas de interés en EE.UU. han impulsado al mayor valor global del dólar en 20 años (de acuerdo al índice DXY), impulsando a una depreciación de diversas monedas, como el Euro, cuyo valor cayó de la paridad con el dólar. Pero también es cierto que una parte importante del aumento en el tipo de cambio ha obedecido a un debilitamiento global del peso chileno, lo cual ha sido confirmado por diversas medidas de tipo de cambio multilateral, como el TCM-5, que confirmar el menor valor del peso desde que existe registro (20 años).

Es fundamental recordar que el tipo de cambio es un fiel reflejo de las condiciones macro y los fundamentos de un país. Por tanto, el alza del dólar sugiere que simplemente no tenemos un país con la misma resiliencia, estabilidad y riesgos que algunos años atrás. Esta situación ha sido reflejada en los mayores niveles de riesgo país, donde el CDS (Credit Default Swaps) de nuestro país ha sido el segundo en tener un mayor deterioro en la región este año, lo cual también ha sido corroborado por el mayor spread entre papeles soberanos de Chile y EE.UU.

De lo anterior, surge la pregunta natural, ¿Qué se debe hacer? En esto resulta crítico tener en consideración que la clave no es reaccionar al síntoma, sino más bien tratar la enfermedad de base. Dado esto, debemos ser enfáticos en que las intervenciones cambiarias no constituyen una solución de fondo. Si bien pueden ser efectivas en reducir transitoriamente la volatilidad cambiaria (y quizás también el nivel), es mucho más claro que no corregir los temas estructurales nos traerá de vuelta a la misma situación, sino peor.

Es por ello que las señales que nos ha dado el mercado cambiario nos debiera llevar a plantear algunos desafíos, como los esfuerzos que se deben hacer para tener un plan creíble y sostenible de estabilización fiscal de largo plazo, que trascienda el ciclo político. Ello, necesariamente, debe traer consigo una reducción en diversas fuentes de gasto público, más aún en el actual contexto de menor crecimiento. Asimismo, cerrar fuentes de incertidumbre, sobre todo aquellas de carácter político institucional, relacionadas a potenciales cambios en la distribución de poder y contrapesos que experimentaría el sistema político ante eventuales modificaciones a la constitución.

Lo mismo ocurre con algunas reformas, como la tributaria, de asegurarnos que no ocurra lo mismo que en 2014, donde se plantearon alzas de impuestos que recaudaron la mitad de lo previsto y ralentizaron el crecimiento del PIB. Estos y otros temas son de especial relevancia a mirar, ya que sin duda han sido determinantes en el debilitamiento de la economía, y por ende del peso.

Rodrigo Aravena González

Economista Jefe – Banco de Chile

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