Una situación insostenible

En el transcurso del último tiempo, sobre todo este año, la economía chilena ha presentado cifras que resultan insostenibles hacia el largo plazo. Resulta difícil (por no decir imposible) justificar un escenario donde se mantenga un crecimiento como el del primer semestre (6,4% anual), una inflación como la actual (14%) y una tasa de interés que no solo se encuentra en su máximo histórico comparable (10,75%), sino que además podría seguir subiendo en el corto plazo. Ello, en medio de un déficit de cuenta corriente de 8,5% del PIB, cifra que se ha observado muy pocas veces y principalmente en momentos de crisis. Este desalineamiento con variables de largo plazo conlleva de manera directa a plantear dos grandes interrogantes: una es sobre el timing y forma de ajuste que presentará la economía hacia su equilibrio sostenible. La otra, y quizás más compleja, es preguntarse cómo será la economía en el largo plazo, una vez que se cierren los actuales desequilibrios. Tratemos de analizar ambas interrogantes por separado.

En relación a la primera, necesariamente se constatará una fuerte caída de la actividad, con una recesión que eventualmente se habría iniciado en agosto de este año (considerando tasas anuales de crecimiento) y que podría concluir recién a mediados de 2023. Es importante destacar que esta recesión abarcaría un período de tiempo cercano a un año, con una duración que podría superar la observada incluso en la crisis de 2009. Esto justifica, en gran medida, las expectativas de menores niveles de inflación y tasas de interés en los próximos meses, variables que tendrán una normalización gradual al menos el próximo bienio.

Pero donde existe un altísimo grado de incertidumbre es sobre el punto de convergencia que tendrá la economía chilena. Es natural plantearse si el deterioro macro será solo un ciclo negativo o si además estamos enfrentando cambios estructurales, con efectos permanentes en el tiempo. Si bien aún no tenemos información suficiente como para emitir un juicio categórico, sí existen elementos que inducen a pensar que, lamentablemente, el deterioro de las condiciones macro no es algo solo temporal. Algunos factores, como la pérdida de ahorros a raíz de los retiros de recursos de los fondos de pensiones, o bien los potenciales incrementos en costos financieros tras los deterioros en clasificación soberana (producto del aumento en la deuda pública), son factores que indiscutiblemente afectan las perspectivas de inversión y por ende de crecimiento de largo plazo. En la misma línea, la incertidumbre político-institucional sin duda exacerba esta tendencia.

Dado ello, debemos preguntarnos, ¿es irreversible el deterioro de los fundamentos macro? Afortunadamente no. Bien sabemos que el éxito de los países en el largo plazo no depende de las condiciones externas, de la disponibilidad de recursos naturales ni de los precios de commodities. En cambio, lo realmente importante es la calidad de sus políticas públicas y de los fundamentos macro. Dado ello, si bien el ajuste de corto plazo es inevitable, estamos a tiempo de hacer las cosas bien y con ello evitar un mayor deterioro de largo plazo. Ello pasa, necesariamente, por implementar cambios adecuados tanto en los aspectos constitucionales como en las reformas que ha planteado el Ejecutivo. Todas las modificaciones que fortalezcan los contrapesos de poderes, instituciones fuertes e independientes del ciclo político, y con énfasis en sostenibilidad fiscal (lo cual requiere reducción de gasto en el futuro), sin duda son elementos claves que favorecerían mantener la buena posición relativa que nuestro país ha tenido las últimas décadas.

 

Rodrigo Aravena González

Economista Jefe

Banco de Chile

Artículos anteriores

  • Ad portas de un duro 2023
  • Reconocidos como el Mejor Banco en Chile
  • Tasas de interés: más allá del alza de 50 puntos
  • Acercamos a estudiantes al mundo laboral